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miércoles, 25 de junio de 2014

Aumenta la supervivencia en mama con eribulina

La eribulina puede convertirse en estándar de tratamiento en pacientes de cáncer de mama pretratados con antraciclinas y taxanos.

Javier Cortés, jefe del Programa del Cáncer de Mama del Instituto de Oncología Valle Hebrón (VHIO) y del Hospital Valle Hebrón de Barcelona, se ha referido en el congreso de ASCO a los avances terapéuticos en cáncer de mama HER2+: "En los últimos 15 años no se ha aprobado ningún fármaco de quimioterapia, que sigue siendo, junto al hormonal, el tratamiento clave; la terapia se basará en taxanos, antraciclina, capecitabina y eribulina, que por su mecanismo de acción quizá puede cambiar de fenotipo mesenquimal -más agresivo- a fenotipo epitelial".
El oncólogo considera que eribulina, desarrollada por Eisai, puede convertirse en estándar de tratamiento en pacientes pretratados con antraciclinas y taxanos, y que han recibido en primera y/o segunda línea. "La recomendación del CHMP de que pase a segunda línea no supone que más pacientes se beneficien, o son muy pocos. Pero los que ya se están beneficiando o los que lo harán en el futuro podrán tener tratamientos de mayor duración", ha indicado. En el póster que ha presentado en ASCO, sobre un análisis combinado de los dos estudios de referencia con eribulina, se muestra un aumento de la supervivencia en todos los grupos de pacientes. Los siguientes pasos tendrán que abordar, en su opinión, dos retos: confirmar si el fármaco tiene un papel en primera línea comparado con los taxanos clásicos y determinar su función en tumores primarios, en cánceres localizados.

lunes, 21 de abril de 2014

Descubren dos genes modificadores del riesgo a desarrollar cáncer de mama y ovario

Un estudio realizado por un consorcio de investigadores descubre dos nuevos genes modificadores del riesgo de padecer cáncer de mama y ovario si se es portadora de las mutaciones en BRCA1 y BRCA2.

Células

Un consorcio internacional de investigadores ha descubierto dos nuevos genes que modulan el riesgo a desarrollar cáncer de mama y de ovario de las mujeres portadoras de mutaciones en BRCA1 y BRCA2. El estudio, publicado en PLoS Genetics, está firmado por 200 autores de 55 grupos de todo el mundo.
Para este trabajo, los investigadores se organizaron en 2006 en un consorcio llamado CIMBA (Consortium of Investigators of Modifiers of BRCA1 y BRCA2). El CIMBA, con datos de más de 40.000 portadoras de mutaciones en estos genes, dispone de la mayor cantidad de muestras en las que estudiar la interacción de las mutaciones con los SNP.
"El objetivo es crear una prueba con todas las variantes genéticas que sabemos que influyen en el riesgo de desarrollar un cáncer, y a qué edad, de forma que podamos hacer un perfil personalizado para cada paciente", cuenta Ana Osorio, autora y coordinadora del estudio.
Para asociar los SNP al riesgo de desarrollar cáncer de mama u ovario, los autores han trabajado en dos fases: primero analizaron muestras de 1.787 portadoras españolas e italianas de mutaciones en BRCA1/2 y lograron acotar la lista a 36 SNP potencialmente interesantes. A continuación, investigaron la importancia de estos últimos en otras 23.463 muestras de CIMBA. Así, han descubierto 11 SNP que inciden en el riesgo, especialmente dos. Sin embargo, su influencia es pequeña, ya que el más importante multiplica el riesgo por 1,12, un 12 por ciento sobre el riesgo basal.
Estos SNP se encuentran en los genes denominados NEIL2 y OGG1, genes que intervienen en la iniciación del mecanismo de reparación alternativo a BRCA1/2. "Además, son genes básicos en eliminar de la célula los productos tóxicos generados por el estrés oxidativo", explica Javier Benítez, director de grupo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas Carlos III (CNIO) y participante en el estudio.
Por otra parte, este hallazgo podría ser también de interés clínico. Uno de los tipos de fármacos eficaces inhibidores de PARP actúa inactivando la ruta de reparación alternativa. De esta forma, los autores escriben que "estos descubrimientos podrían tener implicaciones en el tratamiento de las portadoras de mutaciones en BRCA1/2 con fármacos inhibidores de PARP.

La aportación de la genética en el cáncer de mama

Cuando en la década de 1990 (Miki, 1994 y Woodster, 1995) describieron los genes BRCA1 y 2, vinculados a los cromosomas 17 y 13, respectivamente, se abrió el camino que define la susceptibilidad genética de padecer un tumor maligno, en este caso de cáncer de mama.
Las pacientes que presentan la mutación en alguno de estos genes oncosupresores, encargados de la reparación del ADN, incrementan notablemente la posibilidad de presentar cáncer de mama hasta cifras de entre el 55 y el 70 por ciento, lo que contrasta con el 12 por ciento de la población general. Este incremento también se da con respecto a otros tumores malignos, como el cáncer de mama contralateral, el de ovario y en el varón el de próstata.
Tras este descubrimiento, el modelo epidemiológico del cáncer de mama se redefinió, y los factores hasta entonces considerados como indicadores de mayor riesgo, tales como menarquia precoz, menopausia tardía, paridad y otros, fueron sustituidos, en orden de importancia, por los derivados del riesgo histológico (formas atípicas de las hiperplasias glandulares RR=4 a 6) y los derivados del componente heredofamiliar (fundamentalmente las mutaciones de los genes BRCA1 y 2 RR= 40-60).
Otras mutaciones, en casos de cáncer de mama hereditario pero con menor significado se han descrito en genes como el PALB2 (E. Hughes, 2014).
Pero la frecuencia de cáncer de mama consecuencia de estas mutaciones supone sólo el 10-15 por ciento de los casos, siendo por tanto la gran mayoría esporádicos. Por otra parte, la metodología diagnóstica molecular obtiene, en ocasiones, resultados no específicos o de significado incierto, por lo que las determinaciones a las mujeres deben solicitarse siempre basándose en unos potentes antecedentes familiares que ya están perfectamente especificados (Pérez Segura 2002). En nuestro país ya existen publicaciones, según datos extraídos de las Unidades de Consejo Genético, en las que se determina el tipo de mutación y la frecuencia de aparición de cáncer de mama y cáncer de ovario en mujeres portadoras(R. L. Milne, 2008).
Es precisamente en estas unidades en donde se deben concentrar las mujeres que deben estudiarse, tanto por el desarrollo de un protocolo diagnóstico como por la protección psicológica que se necesita. Se debe valorar que, a cambio de un diagnóstico que contempla una posibilidad de desarrollar un cáncer de mama en un futuro indeterminado, se puede instalar un síndrome de ansiedad continua que le acompañará toda su vida, con estudios diagnósticos continuos, en ocasiones de cierta complejidad. Y en muchas de estas mujeres se realiza el test diagnóstico en edades muy tempranas de su vida.
Cribado selectivo
Los controles en el seguimiento, por tratarse de mujeres jóvenes con alta densidad glandular, no se basan sólo en la mamografía, en estos casos de menor sensibilidad, sino con los ultrasonidos y la resonancia magnética (RM) que incrementan la sensibilidad hasta el 90 por ciento. Son por tanto mujeres que deben incluirse en un cribado selectivo, fuera del cribado poblacional habitual. Generalmente son tumores de crecimiento más rápido, que pueden no expresarse en forma de nódulo y que tienen un perfil molecular triple negativo (negatividad de receptores de estrógeno, progesterona y HER2), lo que conlleva un pronóstico desfavorable.
Ante estos problemas, tras valorar el riesgo de contraer un cáncer de mama, la dificultad diagnóstica y el pronóstico muy incierto, se han planteado diversas alternativas en la prevención. La terapia farmacológica no está claramente definida, aun sabiendo que los fármacos de acción antiestrogénica en algunos casos disminuyen su frecuencia. Por tanto, es la llamada Cirugía de Reducción del Riesgo (CRR) la que en la actualidad supone la alternativa más eficaz.
La salpingo-ooforectomía bilateral tiene por sí misma una capacidad de prevención al disminuir el riesgo de cáncer de mama al 50 por ciento, lo que, unido a la posibilidad de practicarla por vía laparoscópica eliminando casi totalmente el riesgo de cáncer de ovario o trompas, le confiere una gran utilidad. Se recomienda realizarla en mujeres a partir de los 35 años al finalizar su deseo gestacional.
La otra alternativa es la cirugía sobre la mama, en cualquiera de sus variantes, la adenomastectomía y reemplazo con implante protésico, que extirpa sólo la glándula y conserva la cubierta cutánea, incluyendo la aréola y pezón o la mastectomía simple o total también con reconstrucción inmediata, que extirpa el cien por cien del tejido pero que reseca el complejo aréola-pezón con el consiguiente deterioro estético. Ambas han probado sobradamente su eficacia al reducir el riesgo a más del 95 por ciento, tanto en pacientes de alto riesgo sin estudio genético(M. Hhumprey 1991, Hartmann 2001) como en portadoras de cualquiera de las mutaciones (M Heijboer 1999,TR Rebbeck 2004) y recomendada por la National Comprehensive Cáncer Network desde 2007. La CRR es la indicación más eficaz,en cualquiera de sus variantes, tras explicar a la mujer, que no paciente, cuáles son sus beneficios y riesgos en ocasiones no menores.

martes, 15 de abril de 2014

Los tratamientos para la fertilidad no aumentan el riesgo de cáncer de mama a largo plazo (Cancer Epidemiol Biomarkers Prev)

A pesar de que las mujeres que se someten a estos tratamientos están expuestas a niveles muy altos de estrógenos
Investigadores Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda, Maryland (Estados Unidos), han demostrado que los medicamentos para la estimulación ovárica utilizados en los tratamientos de fertilidad no se asocian a un mayor riesgo de cáncer de mama a largo plazo.
Así se desprende de los resultados de un estudio publicados en la revista “Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention”, en el que participaron cerca de 10.000 mujeres a las que se realizó un seguimiento de 30 años, después de que estudios previos hubieran alertado de un posible riesgo dado que las mujeres que se someten a estos tratamientos están expuestas a niveles muy altos de estrógenos.
Sin embargo, la autora principal de este estudio, Louise Brinton, del Instituto Nacional del Cáncer indicó que los hallazgos son tranquilizadores .
Para corroborar o descartar una posible asociación, utilizaron datos de un total de 9.892 mujeres estadounidenses en las que se detectaron problemas de fertilidad entre 1965 y 1988. De éstas, alrededor del 38% de las participantes recibieron clomifeno y el 10% fueron otros fármacos conocidos como gonadotropinas, en ambos casos para intentar favorecer la fertilidad.
Durante los tres décadas de seguimiento posterior, se diagnosticaron un total de 749 cánceres de mama entre las participantes del estudio. Pero, en términos generales, vieron que las mujeres que recibieron estos  fármacos no eran más propensas a desarrollar cáncer. Unos resultados que, según la autora del estudio, son tranquilizadores.
Los investigadores, sin embargo, encontraron un mayor riesgo de cáncer de mama entre un pequeño grupo de mujeres a quienes se prescribieron las dosis más altas de clomifeno.
Actualmente el uso de estos fármacos se ha limitado a entre tres y seis ciclos, pero el aumento de riesgo (hasta un 70% mayor en comparación con mujeres no tratadas) se vio en aquellas mujeres que se sometieron a más de 12 ciclos de tratamiento.
Además, en las mujeres que tomaron las gonadotropinas, generalmente en combinación con el clomifeno, y que no habían sido capaces de quedarse embarazadas, el riesgo de desarrollar cáncer fue el doble, si bien los autores apuntan a que esto podría deberse a algún otro problema subyacente que podría estar provocando la infertilidad.
En cambio, en el caso de este pequeño grupo de mujeres que tomaron clomifeno durante más de un año, los autores reconocen que las razones de este aumento del riesgo están menos claras.

Decisiones sobre el cribado por mamografía basadas en el riesgo de cada paciente

Importancia El cáncer de mama es la segunda causa principal de fallecimiento por cáncer entre las mujeres estadounidenses. El cribado por mamografía puede estar asociado a la reducción de la tasa de mortalidad por cáncer de mama, pero también puede tener inconvenientes. En algunas directrices se recomienda individualizar las decisiones sobre el cribado, en particular cuando se trata de mujeres más jóvenes.
Objetivos Revisamos los indicios relacionados con los resultados positivos en la tasa de mortalidad y los principales inconvenientes del cribado por mamografía, así como la información sobre cómo individualizar las decisiones al respecto, lo que incluye informar a las pacientes sobre los riesgos y los beneficios.
Adquisición de indicios Realizamos una búsqueda en MEDLINE que comprendía los años transcurridos entre 1960 y 2014 para describir (1) los beneficios de la mamografía, (2) los inconvenientes de esta prueba diagnóstica y (3) obtener información sobre la individualización de las decisiones sobre el cribado y el fomento de la toma de decisiones informadas. Asimismo, llevamos a cabo una búsqueda manual de listas de referencia de artículos clave recuperados, revisiones seleccionadas, metanálisis y recomendaciones sobre prácticas. Evaluamos y clasificamos el nivel de indicios en función de las directrices de la American Heart Association.
Resultados El cribado por mamografía se asocia a una reducción global del 19 % de la mortalidad por cáncer de mama (aproximadamente del 15 % en el caso de mujeres cuya edad oscila entre los 40 y los 49 años y del 32 % en el caso de mujeres con edades comprendidas entre los 60 y los 69 años). En el caso de una mujer de entre 40 y 50 años que se somete a pruebas anuales de mamografía durante 10 años, el riesgo acumulado de obtener un resultado falso positivo es de aproximadamente el 61 %. Entorno al 19 % de los cánceres diagnosticados durante ese periodo de 10 años no habrían sido clínicamente evidentes sin el cribado (sobrediagnóstico), aunque existe incertidumbre acerca de esta cifra. El beneficio neto del cribado depende en gran medida del riesgo de cáncer de mama inicial, lo que debería tenerse en cuenta a la hora de tomar las decisiones sobre el cribado. Aunque no esté completamente disponible en la práctica clínica, el asesoramiento en la toma de decisiones tiene el potencial de ayudar a las pacientes a integrar la información sobre los riesgos y los beneficios a sus propios valores y prioridades.
Conclusiones y relevancia Para maximizar los beneficios del cribado por mamografía, se deben individualizar las decisiones en función de los perfiles de riesgos y las preferencias de las pacientes. Los modelos de riesgo y el asesoramiento en la toma de decisiones son herramientas útiles; sin embargo, es necesario realizar más investigaciones para optimizarlas y cuantificar el sobrediagnóstico. Estas investigaciones también deben explorar otras estrategias de cribado de cáncer de mama.